
Estudiar el ego es trascenderlo.
Trascender el ego es verse iluminado por todas las cosas.
Ser iluminado por todas las cosas es eliminar las barreras entre el ego y los demás.
Al menos he conseguido que poco me importen los porqués de sus actos, me conformo con acecharlo. Y cuanto más le vigilo, más veo sus/mis-erías aflorando cual Dama de noche en estío, sólo que estas flores le/me apestan (que arduo mirar todo aquello que intentas ocultarte/le).
Prácticamente había llegado a la conclusión de que trascender al individuo en cuestión era impracticable, cuando una idea ha comenzado a gestarse en algún lugar de mi. “Sólo hay que aceptar que tienes que MORIR... morir a esta realidad a la que tu mente tanto se aferra y abrazar el vacío”. La vacuidad no solo de los fenómenos, de la materia, del tiempo y del espacio, sobre todos y el más importante, el vacío de tu propia identidad.
La energía no muere se transforma pero… ¿Es posible que tu identidad si desaparezca? ¿Sería tan difícil de aceptar esto? Quiero tolerar que mi identidad se acaba con mi muerte física ya que es precisamente este cuerpo de carne y huesos quien me la impone. Una vez liberada de este filtro que limita mi realidad a la percepción de mis sentidos y destruida la prisión material ya no hay nada que impida el retorno a lo que realmente soy. Regreso a la totalidad. Se volatilizó, desapareció, se esfumó X… y todas sus posesiones, logros, vivencias-recuerdos y (ups, que horror) sus personas queridas.
Siempre estuve convencida que la iluminación era morir a cada instante. Desagraciadamente no es suficiente con la mera comprensión intelectual, siquiera con una intuición profunda, es imprescindible experimentarlo. Quizá algún día…
L.F.










